Acabo de escuchar el fuerte sonido de la puerta en mi espalda y hasta he adivinado tu tiesa mueca. No queda nada mas que hacer salvo caminar directo a la tienda de siempre a comprar lo de siempre. Camino sin prisa, esperando que tu recuerdo tirado en alguna parte logre alcanzarme. Voy dando muchas vueltas, viendo parques vacíos, llenos, con gente, con animales, como sea – Vamos, no estoy tan lejos, estoy alcanzable.
He decidido sentarme en una banca a botar algunas lágrimas y a darte chance. Pero ya sé que no llegarás, y no porque te conozco ni nada por el estilo, sino porque los finales felices sólo existen en los cuentos o en las movies, y esto no es ni lo uno ni lo otro. He cogido algunas flores y las he olido. Me he quedado con una y me la he puesto en el bolsillo. – Por qué nunca me diste flores? – Yo las detesto.
La tarde se está poniendo fea y creo que necesito un cigarrillo. La gente de este parque se ve lo suficientemente feliz como para terminar de deprimirme. El sol se está marchando ya, cansado de marchitar flores y le va cediendo el paso a la noche que viene lenta y dispuesta a enfriar los huesos entumecidos de mis manos. – Hubiera cogido los guantes verdes que me tiraste. -
Las rutas conocidas se me van acabando, tambien los parques. Ya no es tán facil como antes. Sentarse en cualquier lugarcito semiescondido a botar lágrimas, veneno, arte o anything. Ahora hay mas gente preocupada en tus complicaciones, que en sus propias vidas.
Ya sé que extraño. Extraño ese pequeño rincón de mundo, lleno de figuras y escudos, de fotos innecesarias, de daño, de papeles sucios, de poca luz, de calor, golpes y polvo. Tremendamente insignificante y solo para dos. Es increíble como uno llega a extrañar lo inextrañable. Los rezongos, los malos ratos, hasta tu mala música cuando se tornaba buena. Y mas aún bajo este frío y este cielo pendejo con ganas de darle un buen remojón a mi cerebro, apagar mi cigarro y terminar por arruinar mi noche.
Se me va acabando el tiempo. Pronto preguntarán por mí y mi presencia, numerosas veces imperceptible, dará paso a una escandalosa ausencia. – Debo volver -
Está lloviendo y mis zapatos están a punto de deshacerse entre el lodo y el cemento. (Extraño tus botas) Estoy emprendiendo el camino de regreso. Iré recogiendo mis pasos y devolviendo a los parques las flores arrancadas que aún permanecen vivas en mi bolsillo. Antes de regresar pasaré por aquel lugar de siempre a calentar un poco mi garganta, desentumecer mis huesos y llenar mi estómago. – Creo que es la primera vez que hago esto sin tí -
El calor recorre una vez mas mi cuerpo y me despierta. Vaya, si el mundo no ha dejado de girar ni lo hará, sólo me da pena el esfuerzo, si todo va y todo viene, o al menos eso parece…. No, no hay tiempo ni ánimos para entrar en tibias divagaciones. Mi cuerpo pide reposo. Ha sido una tarde alterada y no quiero llegar de mal humor. Ya estoy llegando a casa. El olor de tu música y tu sudor son perceptibles a distancia, además tu ventana está abierta. Lo único que no me gusta de esto son las palabras. Vendrán una sobre otra, con sentido, sin sentido, mezcladas, mixtas, correctas, incorrectas, merecidas, fuertes, vanas.. pero luego vendrás tú. Peor. – Vamos, no quiero discutir-
Abre la puerta. No hay que temer nada, tu sola presencia desarma todos mis esquemas y estoy aquí otra vez. ¿No quieres abrazarme?